Día 8
Te envío una poesía, ya sabes, de esas que se me ocurren de prisa y corriendo pero que tú me inspiras tan dulcemente:
“En tus labios planté un huerto
de sentimientos puros y aguerridos,
déjame que de vez en cuando recolecte
aquellos que tú des por perdidos.
En tu corazón ví crecer una flor
de pétalos rojos aterciopelados
y que recibía todo el fragor
de unos besos inusitados.
De tu alma escuché el murmullo
de un riachuelo embravecido,
a el fui a beber con orgullo
y calmé mi sed agradecido.
Si aquel huerto que planté,
aquella flor que vi crecer,
aquel murmullo que escuché,
fue tan solo un rumor, al parecer,
sácame de este sueño porque sé
que sólo contigo puedo ser
y sólo a ti te puedo querer”.
“No quiero de ti lo que te cueste”. Nunca se me olvida esa
frase tuya, ese sentir… Todo lo que te doy no me cuesta nada dártelo porque lo
hago con el corazón y así es como quiero que sea y siga siendo, porque darte y
darme a ti es maravilloso. Y ahora te doy miles de besos y te regalo mi
presente, este momento de felicidad, un momento para soñar, un momento para
vivir, un momento para sentir…el cielo, la luz…el mar.
Me arriesgo a despedirme con un “siempre tuyo”. Sé que la palabra “siempre” es algo incierta, pero “siempre también es ahora” y ahora te estoy queriendo como nunca.

