Te voy a contar una historia cargada de sentimientos,
cargada de tristeza y de inocencia. Nadie hasta ahora la había oido. Tu vas a
ser la primera en escucharla, pero escúchala con el corazón porque es la única
manera de entenderla. Es la historia de un niño que vivía en un castillo de
arena; es una historia real.
"Nació en una familia humilde y ya desde muy pequeño empezó a
saber lo que era estar solo. Sus padres, en su afán de protegerlo le negaban
todo lo que los demás niños tenían sin apenas pedirlo.
Subido a una silla, con tres años miraba por la ventana a
otros niños de su edad jugar en la calle y se preguntaba, no sin cierta
tristeza e incomprensión, por qué el no podía salir a jugar con ellos.
Conforme pasaba el tiempo y crecía sabía que no era como los
demás porque los demás iban a sitios donde a él sus padres no le dejaban. Los
demás iban de excursión y él no, los demás iban a hacer karate y él no, los
demás tenían una bicicleta y el no. El no era como los demás. Sus padres no lo
dejaban. Y así este niño empezó a crear un mundo a parte del de los demás, un
mundo interior, un mundo con paredes de arena…
En su mundo todo era fantástico, no existía el dolor, no
existía la realidad, todo era perfecto, ya no necesitaba amigos. Tenía unos
tebeos, tenia unos juguetes que desarmaba para ver cómo funcionaban… y se tenía
a si mismo, aunque esto le causaba más problemas que beneficios.
Para cuando sus padres le dejaron más libertad este niño era
ya un niño con muchos miedos pero con un gran corazón. Era capaz de ponerse en
lugar del que sufría y hacia suyos los sufrimientos de los demás. Aun así y
haciendo un gran esfuerzo empezó a jugar con otros niños, empezó a saltarse las
normas de sus padres, empezó a ser un rebelde, un intrépido muchachito de ocho
años. Dejó de tener miedo pero no dejó de tener el instinto del lobo solitario.
Olía el peligro antes que los demás, se anticipaba, era rápido como el viento
y, dentro de su pseudolibertad, empezaba a ser feliz.
Aunque los castigos eran severos (un día fue golpeado por
uno de sus progenitores con una goma de tubo de un metro en el costado y se le
quedaron unos hematomas que tardaron en desaparecer un mes) el siempre se
mostraba desafiante, porque ansiaba ser libre y no quería volver a su castillo
de arena. Pero un día vio como unos niños se reían de su padre. Si, estaba
claro que a su padre le pasaba algo y entonces otro niño se lo dijo: tu padre
está borracho. Ese día el cielo cayó encima del niño, la tristeza asomó en su
ojos y otra vez y con el alma encogida volvió a recluirse en su castillo. Dejó
de salir a la calle y pasaron años y años. Solo salía para ir a la escuela y
para jugar, pero jugaba con miedo, miedo a que su padre viniera bebido y los
niños se burlaran de él. Y ese niño empezó a correr y correr para evitar ser
alcanzado por las burlas de los demás. Corría con tanta rabia que no había
ningún otro niño que pudiera alcanzarlo en una carrera en el colegio o en la
calle. Adquirió resistencia y era capaz de pasar horas corriendo sin parar.
Esto de correr le sirvió más adelante y ganó muchas carreras. Nunca llegaba
tarde a ningún sitio, solo tenía que correr y correr…
Cuando murió su padre aquel niño respiró aliviado porque ya
podría salir con tranquilidad a la calle, ya no se burlarían más de él. Años
después lloró amargamente porque se dio cuenta de que había perdido a ese
padre. Le pidió perdón en sus oraciones y le dijo desconsolado que estaba muy
avergonzado por haberle dado la espalda, que ahora ya no podría darle un beso
pero que siempre estaría en su corazón… Esa noche el niño durmió entre sollozos
y recuerdos y sobre todo con la esperanza de ser perdonado…"
Ese niño es el que ahora te está escribiendo y ahora también
está llorando con el corazón encogido, ese niño ha estado mucho tiempo
escondido y esta noche le he tendido una mano, esta noche voy a jugar con él y
a decirle que no tenga miedo que aquí estoy yo para cuidar de él y que nunca
más volverá a estar solo y que ya puede sonreir y abrir los ojos porque ya
nadie más le va a hacer daño. A partir de esta noche a ese niño no le va a
faltar nada. Esta noche los dos volveremos a ser uno, esta noche mi niño ya no
caerá más en el olvido.
Mi querida amiga, mi niño y yo te agradecemos lo que has
hecho por nosotros y los dos te pedimos que tú también te acuerdes de tu niña,
que la mimes y que la quieras y que nunca la abandones porque ella necesita de
ti tanto como tú necesitas de ella.
Un beso y un abrazo muy fuerte para las dos.
PD: Nosotros también te echamos de menos